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Intensidad sofocante

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Saturday November 01, 2014

From El Pais

Intensidad sofocante
By: Miquel Jurado

Magnífica entrada en el Auditori para oír a Wayne Shorter a pesar de la crisis y del IVA, que siguen golpeando este tipo de propuestas, y, sobre todo, de que a sus 81 años el saxofonista norteamericano sigue siendo a pesar de los pesares un músico minoritario. Shorter atravesó las décadas de 1960, 70, 80 y 90 a lomos del jazz más popular (de Miles Davis a su propio Weather Report) pero entró en el siglo XXI buscando la parcela introspectiva de la música y la encontró. Su cuarteto acústico es una de las formaciones más serias y creativas del momento actual (por no decir la que más que siempre es discutible). En el Auditori lo demostraron ampliamente.

Fue un concierto corto pero intenso, muy intenso. Incluso a la hora lo dieron por finalizado pero, tras mirar el reloj, regresaron al trabajo y fue esa media hora final lo mejor de la velada. Saltaron chispas y al final hasta Brian Blade acabó desparramando la batería por el escenario como si de un concierto de los primeros Who se tratara. Y, en realidad, la intensidad y nivel de excitación alcanzados podría compararse, eso sí sin aquel punto de barbarie que caracterizaba al cuarteto de rock británico cuando arrasaba el escenario. Shorter y los suyos también arrasaron pero de forma más civilizada provocando un delirio colectivo que desembocó, no podía ser de otra manera, en una de esas ovaciones de gala que pocas veces se repiten.

El cuarteto acústico de Shorter es un fino mecanismo de relojería que funciona a la perfección. Los cuatro elementos encajan de tal forma que resulta imposible saber de dónde surgen las ideas o qué parte está escrita y cual improvisada. Los temas discurren plácidamente abriendo constantemente nuevos caminos por los que los cuatro músicos se dejan ir con total libertad hasta crease una atmósfera densa y sofocante que te mantiene completamente clavado al asiento. Es un jazz ciertamente cerebral pero que te penetra también por los poros de la piel provocando un cúmulo de agradables y cambiantes sensaciones, lo mejor que puede esperarse de un concierto sea del estilo que sea.

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